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January 26 <<¡VIVE PELIGROSAMENTE!>> F. NietzscheDe esta consigna se burlaría Unamuno, afirmando que el momento en que Nietzsche la incluía en una de sus obras era precisamente en el que menos cosas peligrosas podían ocurrir; decía más o menos...: <<es algo así como cuando en G. Bretaña el lobo quedó prácticamente extinto, y fue entonces cuando comenzaron a escribirse cuentos de lobos, esto es... cuando ser atacado por un lobo ya era de lo más improbable>>.
ASÍ LAS COSAS...
Hoy estuve en el teatro; la obra trataba -grosso modo- de una mujer que, en un formato monologístico apasionado y cargado de emociones recuerda el soliloquio de Hamlet, alterna las llamadas telefónicas de su madre y conversaciones ficticias con un personaje inexistente y refiere sus sentires (propios de una persona atormentada cuya vida es perfectamente normal). Trabajo, amistades, noviazgo, miedos, recuerdos... salpicados levemente de un aura de tragedia que algunos quisieron ver como tragicómica. Comienza por así decirlo con las preguntas tópicas de cualquier ser humano: "¿quién soy?", "¿qué quiero?", "¿qué soy?"... un poco del estúpido ateísmo pseudocrítico "contemporáneo", y un poco de estúpida pseudoprofundidad reflexiva de corte realista; el trabajo de la actriz fue bueno, la obra, pésima y la recepción del público aún más pésima si cabe. Hoy en día del público se esperan "emociones"; al teatro va uno a emocionarse, sin importar si se sigue un hilo argumental o si el hilo argumental tiene algún espíritu conclusivo. Estamos hablando de un teatro descafeinado, tibio, bajo en grasas, edulcorado y muerto. Como los propios receptores.
Vamos a ver, no me entra en la cabeza cómo es posible que la gente se ría en una escena trágica, cuando la actriz recurre a una ironía mordaz pero nada humorística a no ser que se vaya al teatro con la idea de ir a ver una teleserie donde no hay que hacer ningún esfuerzo interpretativo y todo viene ya gratuitamente dado.
El segundo problema es que vivimos tanto entre algodones que, sinceramente, a nadie le importan las grandes preguntas, porque cuando algo nos duele nos basta con un poco de antiinflamatorio o de ácido acetilsalicílico. Las grandes preguntas dan, pues, risa.
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